¿Por qué Feng Shui?

Todos somos capaces de percibir en mayor o menor grado como nos influye nuestro entorno. No tenemos las mismas sensaciones ni reaccionamos igual si estamos en el campo al borde de un arroyo o en un centro comercial. Muchas veces nos sentimos incómodos en lugares que a priori nos parecieron “bonitos” y por el contrario nos sentimos “como en casa” en sitios en los que no hemos estado antes. Pero ¿hasta qué punto afecta el espacio en el que nos movemos a nuestras vidas? ¿Puede un entorno propicio afectar directamente a nuestra salud, nuestra vida laboral, las relaciones personales, los estudios o la marcha de nuestro negocio?

 

Según el arte del Feng Shui absolutamente todo lo que nos rodea posee vida. Por una parte, nosotros mismos dotamos a objetos inertes de significado mediante nuestros recuerdos, deseos y asociaciones, y de igual manera ese entorno incide en nosotros.

 

Al igual que hiciese la acupuntura con los canales de energía que recorren el cuerpo, el Feng Shui reconduce la energía que circula por los espacios que habitamos haciéndola fluir por todo el entorno, activándola o frenándola según sea necesario, hasta conseguir que influya en nuestras vidas de una forma positiva. ¿Cómo lo hacemos? Utilizando como herramientas el color, las texturas, los distintos materiales y la simbología personal de cada objeto, se ubican o redistribuyen los distintos muebles, complementos decorativos, luces y pintura según unas reglas establecidas que se adaptan a los intereses personales de cada individuo y al tipo de función que vaya a desarrollarse en cada espacio.

Dada la evolución de los métodos constructivos actuales y el descenso en la calidad y tamaño de nuestras viviendas, se hace más necesaria que nunca la aplicación del Feng Shui que nos devuelve a las raíces de lo que debería ser un hogar: un refugio, un lugar donde descansar, conversar con los amigos, cocinar… un sitio que nos permita desconectar al final del día haciendo desaparecer el estrés acumulado.

El Feng Shui, que significa literalmente Viento-Agua, es una técnica que lleva utilizándose en China desde hace más de 4.000 años. En sus comienzos se utilizaba como método para encontrar el lugar más propicio donde ubicar nuevos poblados o lugares para el entierro. Más tarde fue evolucionando hacia el interior de los edificios utilizándose en la construcción de palacios, lugares de veraneo de los emperadores, etc. La apertura del mundo oriental nos ha permitido entrar en contacto con este arte y poder comenzar a poner en práctica una técnica que se ha sido perfeccionando con el paso de miles de años.

Aplicándolo como complemento fundamental  al proyecto arquitectónico o de interiorismo, debe ser el Feng Shui el que se adapte a la situación y necesidades de cada individuo y no a la inversa. Ahora nos es conocida una herramienta que, siendo una vuelta a los orígenes, nos permite dar un gran paso hacia una arquitectura más humana y nos ayudará a mejorar nuestro entorno y calidad de vida. ¿Por qué no utilizarla?

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